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Ya cuando sus padres lo llamaron Ulises le estaban condenando a ser alguien especial y diferente. ¿Quién puede llamarse como aquel astuto guerrero y ser uno más? Ulises estudió ingeniería informática y se especializó en telefonía móvil. Fue tan brillante que cuando tuvo su más brillante idea, tuvo que ponerla en stand by mientras daba con una de similar entidad. Ambas ideas las incorporó a un teléfono móvil que, como cabía esperar, batió todos los récords de ventas, era lo que él pretendía. Ese segundo invento que lo hizo líder mundial en ventas consistía en una cámara trasera que incorporaba un láser que servía de escáner. Con este invento el portador del teléfono móvil podía detectar si un billete era falso, comprobar si su compañero de avión llevaba un cuchillo en el bolso, pasar los códigos de barras de los productos que compraba y comprobar sus características y precios, comprobar si esa chica o chico que le gustaba llevaba ropa interior, buscar alguna lesión en sus huesos e, incluso, colocarlo como sensor y alarma en la puerta de su hogar. Cada día, además, aparecía una nueva app para desarrollar un nuevo uso para esta tecnología. En cuestión de meses casi todo el que tenía un móvil tenía un móvil diseñado por Ulises. Y, tal y como había programado, cuando pasaron seis meses exactos de la puesta en venta del dispositivo, se puso en marcha su primer invento (el que había mantenido en secreto hasta ahora). Ese día en que se activó murieron cuarenta millones de personas. El día siguiente, pese a los avisos, murieron otros diez millones. Y aunque la cifra fue decreciendo, en una semana habían muerto doscientos millones de personas en todo el mundo. De todos ellos, no obstante, se conservaba una estupenda foto selfie. El invento inicial de Ulises había consistido en incorporar un láser en la cámara frontal. El teléfono estaba programado para, mediante un detector facial, disparar entre las cejas del retratado un láser mortal. De esta manera, todos los que se iban haciendo fotos caían fulminados en el acto. Además, el móvil captaba dos fotos, la del vivo y la del muerto, y la publicaba de inmediato en las redes sociales de su usuario. Se extendió el pánico, pero también la moda por colgar tu foto vivo y muerto. Un antes y después que no paraba de ganar likes y que arrasaba en Internet. Parecía imparable la moda. Las autoridades de todo el mundo buscaban al ingeniero informático. Cuando lo encontraron ya no podían arrestarlo. Estaba en un centro comercial. Había dos fotos, en la primera de ellas aparecía sonriente frente a su gran obra y aportación a la humanidad, a sus espaldas había un pasillo rebosante de muertos teléfono en mano. En la segunda imagen él aparecía fulminado por su propio invento.

Investigaron en su casa en busca de un porqué. Algunos pensaban que era fundamentalista islámico, otros decían que era un terrorista checheno, había quien aseguraba que se formó con las guerrillas colombianas e incluso se apuntó a que fuera un independentista valenciano. Todo era falso. Lo único que encontraron fue una carta escrita a mano de su puño y letra.

El ser humano es tan idiota que se extermina a sí mismo y a su planeta a diario y a eso lo llama la cima de la civilización. Yo simplemente pretendía sacar una buena foto del momento.

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